La Gruta Azul (Grotta Azzurra) de Capri

La Gruta Azul -en italiano Grotta Azzurra- de Capri forma parte del mosaico de lugares icónicos de Italia. La isla en sí no deja de cautivar desde hace mucho más tiempo del que se piensa. De hecho la arqueología submarina que rescató varias estatuas del fondo de la gruta, demuestra que ya en época romana era un lugar visitado. El emperador Tiberio se rindió a los encantos de Capri, y trasladó su villa de verano en el 27 a.C. La llamó Villa Jovis (“Villa de Júpiter”).

Visita a la Gruta Azul de Capri
Visita a la Gruta Azul de Capri

La Gruta Azul es el lugar más turístico de Capri, y una de las actividades más frecuentes para los viajeros que llegan a Nápoles o pasan sus vacaciones en la región de Campania. Anualmente entre 250 y 275 mil personas la visitan, generando casi un millón de euros de beneficio.

Historia de la Gruta Azul

Lo que es menos conocido es que la Gruta Azul era un lugar donde venía a nadar. El lugar estaba decorado con estatuas, como las de Neptuno y Tritón, encontradas en 1964, y otros siete bases de otras tantas, halladas en 2009, y que se exhiben en el museo de Anacapri.

Se teoriza sobre el trasfondo mitológico de la gruta, asociado a los nymphaeum, es decir, santuarios para las ninfas del agua. La cueva, de hecho, era un verdadero apéndice submarino de una villa augusto-tiberiana llamada Gradola, ahora reducida a unas pocas ruinas. Y aunque no hay aún un testimonio espeleológico que lo afirme con rotundidad, se cree que había pasajes subterráneos que conectaban la gruta con catacumbas de las tumbas romanas.

Con el caída del Imperio romano, solo los habitantes y pescadores de Capri conocían su ubicación y existencia, y así se mantuvo hasta el siglo XIX. Los isleños llamaban a la cueva “Gradola”, de hecho ya aparecía en 1696 en un mapa geográfico del Isolario de Vincenzo Coronelli. Sin embargo, nadie se atrevió a aventurarse en el interior, ya que algunas leyendas antiguas afirmaban que estaba habitada por espíritus y demonios que hacían enloquecer a quienes osasen entrar.

Ya en el siglo XIX se pusieron de moda los grandes viajes de aristócratas, enmarcados en el Grand Tour, como los de Goethe o más adelante Rainer Maria Rilke. Sin embargo, los que fueron precursores de incluir a Capri en esos viajes por el sur de Europa fueron el poeta alemán, Augusto Kopisch y el pintor, Ernst Fries. Atraídos por las historias de los pescadores locales de Capri se quedaron fascinados.

El 17 de agosto de 1826 accedieron junto al marinero Capri Angelo Ferraro -apodado “Riccio”-, el notario Giuseppe  Pagano y el borriquero Michele Federico  decidieron explorar una cueva ubicada al norte.  Kopisch  maravillado le dio el nombre de Gruta azul que hoy permanece.

Tras el “descubrimiento”, Kopisch de hecho escribió sobre la gruta azul en su obra “Entdeckung der Blauen Grotte” y su belleza se difundió por los viajeros opulentos. De éste modo, escritores, artistas y otros tantos viajeros del XIX como Mark Twain, Pablo Neruda, o Curzio Malaparte visitaron la gruta azul.

Cuadro de Ivan Konstantinovič Ajvazovskij reproduciendo la Gruta Azul en 1841
Cuadro de Ivan Konstantinovič Ajvazovskij reproduciendo la Gruta Azul en 1841

“Cerca de la superficie del agua, no muy lejos de mí, vi una estrella azul, proyectando un largo rayo de luz, pura como el éter, sobre el cuerpo de agua …” Hans Christian Andersen

Estudios de arqueólogos y espeleólogos han permitido recorrer y visitar al detalle el interior de la Gruta Azul. En la esquina suroeste hay una plataforma enterrada en el mar por los romanos, que utilizaron escombros de ladrillo (signino) para su nivelación. Junto a esta zona se encuentran tres ramales de la galería, que toman el nombre de “Galería de los Pilares”, que continúan hasta la denominada “Sala de los Nombres” así denominada por las distintas firmas dejadas en las paredes por los visitantes del siglo XIX y XX. Después de la Sala dei Nomi, la cueva se estrecha en el “Salón de la Corrosión”. Aquí termina la parte explorable de la cueva, que continúa a través de varios túneles que no se pueden cruzar debido a las condiciones irrespirables del ‘aire. Sin embargo, parece que estos túneles no se comunican con el exterior, sino que fueron un infructuoso intento de los romanos por buscar agua dulce.

Dónde está la Gruta Azul

La Gruta Azul es una cavidad kárstica que se abre en el lado noroeste de la isla de Capri. Administrativamente pertenece al municipio de Anacapri.

Interior de la Gruta Azul de Capri
Interior de la Gruta Azul de Capri

Visita a la Gruta Azul

La belleza de la gruta, y por supuesto su fama, proviene del color que se observa cuando accedemos a su interior en barco. El contraste entre la oscuridad de la cueva y el fondo parece sacada de una paleta acrílica. La embarcación parece levitar sobre sus azules aguas.

Las dimensiones de la gruta no parecen muy grandes. Apenas son 60 por 25 meros, pero bajo sus aguas alcanza una profundidad de 15 metros.

Efecto azul

La luz del sol atravesando el mar por una cavidad en el fondo, y observada desde un lugar oscuro como la gruta, proporciona ese tono azul del que es imposible no sorprenderse. La ventana subacuática actúa como filtro, absorbiendo los colores rojos y dejando pasar los azules. El efecto se asemeja al de focos sumergidos iluminando el fondo, salvo que en éste caso el color azul es natural. El brillo plateado de los objetos sumergidos, en cambio, se atribuye a otro fenómeno. En la superficie del objeto se adhieren varias burbujas de aire que, teniendo un índice de refracción diferente al del agua, dejan escapar la luz.

Barcas entrando en la Gruta Azul
Barcas entrando en la Gruta Azul

Al interior de la cavidad se le conoce como il duomo (la catedral), con una altura que va de los siete a los catorce metros. La acústica de la Gruta es fantástica, y la voz de los remeros rebota en las paredes como si fuese un auditorio natural.

Información

La visita a la Gruta Azul solo se puede hacer cuando las condiciones del mar lo permiten. La marejada provoca olas que imposibilitan la entrada, ya que hay que maniobrar y agacharse para entrar. No está permitido bañarse dentro de la gruta por motivos de conservación y seguridad.

Dependiendo del número de visitantes hay que esperar al llegar, haciendo cola hasta que embarcamos en los pequeños botes que entran en la Grotta Azzurra. Una vez dentro se suele permanecer alrededor de cinco minutos disfrutando del color azul que da nombre a la gruta.

Entrada a la Gruta Azul de Capri
Entrada a la Gruta Azul de Capri

Un buen consejo es simplemente disfrutar de la experiencia de la visita en barco al interior y olvidarse de hacer fotos que normalmente salen borrosas. el mejor recuerdo queda en la memoria.

 Cómo llegar a la Gruta Azul

Evidentemente lo primero que hay que hacer es ir en ferry desde Nápoles a la isla de Capri. Lo habitual para llegar a la Gruta Azul -salvo que contemos con un yate privado- es hacerlo con el paseo en barco que sale desde el puerto de Marina Grande. Es una excursión compartida en la que se cubre el primer trayecto desde el puerto hasta la entrada de la gruta azul en lancha, y posteriormente entraremos en la cueva con las pequeñas embarcaciones a remo que esperan junto a su entrada. Los botes suelen tener una capacidad para cuatro personas más el remero.

Otra opción es llegar por tierra a la entrada a la Gruta Azul. En ese caso hay que tomar o bien un taxi o dos autobuses, uno para llegar a Anacapri (desde Marina Grande o Marina Piccola) y otro desde Anacapri hasta la gruta. Desde donde nos deja el autobús hay un sendero bien señalizado.

TOURS Y EXCURSIONES EN BARCO A LA GRUTA AZUL

 

Mapa de la Gruta Azul