Le Langhe, Roero y Monferrato

Le Langhe, Roero y Monferrato son las tres comarcas de la región del Piamonte distinguidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, por su paisaje vitivinícola.

Colinas de Le Langhe
Colinas de Le Langhe

El área que supera las 10 mil hectáreas comprende territorio de las provincias de Cuneo, Asti y Alessandria, zonas muy ligadas a la producción de vinos como el Barolo, el Nebbiolo, la Barbera y el Dolcetto.

Las seis subzonas que forman el conjunto Unesco son: La Langa del Barolo (Pueblos de Barolo, Serralunga d’Alba, Castiglione Falletto, La Morra, Monforte d’Alba, Novello, Diano d’Alba); el Castello di Grinzane Cavour; las colinas del Barbaresco (Pueblos de Barbaresco y Neive); Nizza Monferrato y el Barbera (Pueblos de Montegrosso, Mombercelli, Agliano, Castelnuovo Calcea, Vinchio, Vaglio Serra, Nizza Monferrato);  Canelli y el Asti Spumante (Pueblos de Santo Stefano Belbo, Calosso, Canelli); y finalmente el Monferrato degli Infernot (Poblaciones de Cella Monte, Ozzano Monferrato, Sala Monferrato, Rosignano Monferrato, Ottiglio, Olivola, Frassinello Monferrato, Camagna Monferrato, Vignale Monferrato).

Cuando la acción del ser humano transformó el paisaje extendiendo el cultivo de viñedos por las laderas de las colinas de Le Langhe, Roero y Monferrato, el resultado fue un bello hábitat que a lo largo de las estaciones del año sufre una metamorfosis de color que encandila a los viajeros que surcan las carreteras. Durante siglos los campesinos han logrado con empeño forjar una joya natural tremendamente valiosa.

Los promontorios de las suaves colinas actúan como miradores desde donde observar las variedades de vides como el Nebbiolo que ya trabajados con cariño dan lugar a algunos de los mejores vinos de Italia como el Barolo y el Barbaresco.

Los castillos, santuarios, ermitas, torres, pueblos fortificados y villas articulan como bisagras el paisaje natural, que nos transporta a la Edad Media.

El célebre escritor Cesare Pavese fue embajador, mucho antes de que desembarcase el turismo, de esta zona del Piamonte, contando historias sencillas ligadas a los campesinos, a su labor agrícola

Que ver y hacer

Tanto si nos gusta el mundo del vino como si solo nos atrae su historia, es muy recomendable conocer algunas de las bodegas privadas excavadas debajo de las casas de los pueblos del Monferrato degli Infernot, abiertas con ocasión de las fiestas locales; o las denominadas Catedrales del Vino de Canelli, auténticas joyas bajo tierra con galerías inmensas donde envejecen los vinos espumantes de Asti. Otra experiencia necesaria es acercarnos a conocer el Museo Etnográfico de Bersano en Nizza Monferrato, con una colección de utensilios del mundo agrícola verdaderamente sorprendente; y por supuesto acompañarlo de sus magníficos vinos que ofrecen en catas.

Los centros históricos de Alba y Asti son con su trazado medieval y monumentos, dos puntos bien conectados para conocer otros puntos de Le Langhe, Monferrato y Roero. El Duomo de Albal, la colegiata de San Secondo, o la iglesia de San Domenico muestran la grandeza de la arquitectura románico-gótica del Piamonte.  En Asti el paseo por los soportales con arcos de Via Gobetti (helado en mano) es un clásico, camino de la Catedral de la Asunción, con un tesoro interior en forma de decoración de frescos. Palacios y torres (muchas menos de las que hubo) son protagonistas de la capital de la provincia homónima.

Tierra de confines, los castillos brotan en la loma de las colinas, invitando a una ruta histórica en la que no pueden faltar el de  Barolo y Grinzane Cavour, el de  Casale Monferrato (vedi punto 2), el de Govone en el Roero, el castillo de Serralunga d’Alba, en Le Langhe, o los de  Camino, cerca de  Casale Monferrato, o Pralormo, Mango, Monticello d’Alba.

Pero el encanto llega cuando nos dejamos llevar sin rumbo, encontrando pequeños pueblecitos con mucho carisma: Bergolo,  Bene Vagienna, Cherasco, Neive, la Morra,  Barolo,  Grinzane Cavour, Monforte d’Alba o Canelli bien valen una parada en el itinerario.

Un lugar diferente son las Rocas del Roero (Rocche del Roero), cuyos “acantilados” bien podrían formar parte de la costa más abrupta, pero que aquí se levantan con sus paredes verticales en el interior, en un punto de fractura geológica. Una de las más famosas son las Rocas de Pocapaglia.

El relax es otro de los objetivos del turismo del Monferrato, con los extranjeros que vienen a disfrutar de las aguas termales de Acqui Terme, que además tiene en su centro histórico los restos de una acueducto romano y una sorprende fuente a 75 grados de temperatura brotando.

Vinos como no….

Tierra que vive por y para la producción del vino, de aquí nacen las denominaciones de origen del Barolo, el Barbaresco, el Asti Spumante y el Barbera d’Asti. Ilustres bodegas como Bosca, Gaja o Bersano exportan a todo el mundo, y otras más humildes pero emprendedoras como Ca ‘d Tantin que produce vinos biológicos presentan su producción con orgullo.

Gastronomía

El producto por excelencia que hace célebre le Langhe es sin duda la Trufa (tartuffo en italiano), y concretamente el Tartufo blanco de Alba, o también llamado “diamante gris”. Solo la dupla de mejores buscadores con sus canes inseparables consiguen encontrar los tubérculos más grandes, que vendidos a precio de oro, condimentan platos con un sabor inolvidable.

Trufas de Alba
Trufas de Alba

Pero además de la trufa, son muchas las delicias gastronómicas de los platos locales, como el Vitello Tonnato, la miel con el queso Robiola de Roccaverano, las avellanas solas en la tableta de turrón, los melocotones de Canale, o la bagna cauda de Monferrato.

Fiestas para todos

La Sagra del Tartufo de Alba (pensada y puesta en marcha de la mano de Giacomo Morra allá por  1928) es seguramente la más celebre, pero no le queda atrás el Palio de Asti, o el asedio de Canelli, por no mencionar todas las fiestas enológicas en torno al mundo del vino, en el paraíso de Le Langhe, Roero y Monferrato.

Deporte en naturaleza

Las pendientes que se van alternando a lo largo del paisaje de Le Langhe, Roero y Monferrato han atraído a ciclistas que combinan el sacrificio de la bicicleta con la recompensa de una de las delicias culinarias de la gastronomía local.

Por otro lado, otros fanáticos de las dos ruedas, esta vez galopando sus motos, disfrutan de las curvas y curvas que como un carrusel de una obra de teatro mudan paisajes y escenario a cada kilómetro recorrido.

El Proyecto Big Bench

El proyecto del artista Chris Bangle, conocido como Big Bench , añadió otra razón más para completar la ruta por Le Langhe y Roero, instalando bancos gigantes en algunas de las colinas con mejores vistas. Sus obras de arte al aire libre son conocidas internacionalmente y se han convertido en un icono del territorio que ha permitido promocionar las bondades de los pueblos donde se han colocado. Con el objetivo añadido de trabajar con artistas locales, los beneficios de la entidad sin ánimo de lucro, sirven para apoyar a comunidades locales que impulsan proyectos de ravlorización del territorio.

Como seres diminutos es habitual ver gente autóctona mezclada con turistas que acuden a los bancos gigantes del Big Bench para disfrutar de unas vistas sensacionales y sentirse como niños envueltos en la inmensa naturaleza.

Cada año se colocan nuevos bancos (el primero fue colocado en 2010 en Clavesana donde reside el artista americano) gracias al éxito entre el público y el apoyo de las administraciones que con este guiño han visto incrementar el turismo den la alta Langa.

Hoy ya superan las cuarenta y aparecen regados en pueblos como Farigliano, Piozzo, Castelnuovo Calcea, Roccavignale, Costigliole D’asti, Neive, Moasca, Canelli, Castelnuovo Don Bosco o Fossano entre otros tantos.