Palermo

Fontana Pretoria de Palermo
Fontana Pretoria de Palermo

Circundada por viñas, palmerales, naranjales, favorecidos por la dulzura del clima, Palermo, construida por las delicias de los soberanos, dio un tiempo la impresión de una ciudad de ensueño. Los vaivenes de la historia han atenuado por desgracia el otrora resplandor de Palermo.

La capital de Sicilia ha conservado el testimonio de la cultura de todos sus conquistadores: cartagineses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, españoles o austríacos; todos dejaron su huella en la ciudad. Confluyen en Palermo diferentes estilos artísticos: medieval, barroco, con aportes de arte del norte de África, normando y muchos otros.

A pesar de todas estas distintas influencias, es una ciudad que ha conservado su propia identidad. Sus palacios ocultan magníficos mosaicos (la Zisa, Palacio de los Normandos entre otros); sus mercados, los mejores aromas mediterráneos (como la Vucciria), sus gentes, la mayor esencia de los pueblos mediterráneos que han habitado la isla de Sicilia.

Palermo engaña al viajero, sus tesoros están bajo el polvo de la historia, y cabe respirar profundamente, helado en mano para poder disfrutarlos. Para los que no conozcan Sicilia, y en especial Palermo, hay que advertir del caos circulatorio, y del abandono de muchos edificios históricos, con fachadas elegantes, y con cierto toque de decadencia. Esta situación es fruto de la especulación inmobiliaria, de la dejadez de las autoridades, y por supuesto del control férreo que ejerce aún la mafia sobre las subvenciones dedicadas a la restauración del centro de Palermo.

Palermo y su historia

La razón de que no encontremos grandes restos y ruinas romanas y griegas, comparables a la de otras ciudades de Sicilia – como Agrigento, Siracusa o Selinunte – es que hasta el siglo VIII, Palermo no dejó de ser una pequeña villa marinera.

Iglesia Martorana de Palermo
Iglesia Martorana de Palermo

No fue hasta la llegada de los árabes cuando el magnífico emplazamiento portuario prosperó, convirtiéndose en una metrópolis donde a la tolerancia religiosa se unió el periodo de mayor prosperidad cultural de Sicilia, y probablemente de todo el Mediterráneo. Palermo llegó a competir bajo el mandato de los sultanes normandos, con Córdoba, compartiendo arte y sabiduría de matemáticos, médicos y geógrafos como Al-Idrisi.

La capital de Sicilia ofrece rutas gastronómicas por sus coloridos mercados, rutas históricas por miles de años de historia de numerosas civilizaciones, y rutas mágicas por calles destartaladas en las que el empedrado devuelve la tenue luz de las farolas desnudas.

Que ver en Palermo – Lo imprescindible

Decir que merece ver en Palermo sería obvio…todo. La Mezquita arabe-normanda de San Giovanni degli Eremiti, la catedral, la capilla palatina del Palacio Normando, la plaza de Quattro Canti donde se cruzan las dos vias principales de la ciudad Vittorio Emmanuele y Via Maqueda, la Zisa, palacio normando de arquitectura árabe, la Plaza Pretoria, con su fuente, el ayuntamiento y la suntuosa Iglesia de Santa Caterina; la preciosa iglesia normanda La Martorana, además de la Iglesia de San Cataldo, el fascinante mercado de la Vucchiria, los teatros Politeama y Teatro Massimo del siglo XIX., el Museo Arqueológico de Palermo…y se nos acaba el aliento porque aún quedan muchas cosas por descubrir en nuestro viaje por Palermo.


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