Nápoles
En Nápoles se mezclan el paisaje con la historia y la cultura. Por un lado, las vistas al Vesubio la convierten en una ciudad romántica. La cercanía del volcán y de Pompeya es un atractivo más de esta ciudad del sur de Italia.
De otro lado, Nápoles tiene una gran riqueza artística. En ella encontramos una curiosa mezcla entre un pasado muy ligado a la Historia de España, y una vida cotidiana muy activa, donde la calle es el mejor de los escenarios. Declarada Patrimonio de la Humanidad por sus monumentos, en Nápoles se funden mar, arte e historia, entre pizzas y tarantellas napolitanas.
La cercanía con la mole pétrea del volcán Vesubio aún impresiona a los napolitanos. Más si cabe cuando se visitan los restos arqueológicos de las antiguas ciudades de Pompeya y Herculano, cuyo extraordinario estado de conservación nos teletransporta a la época romana con suma facilidad. No lejos, a tiro de piedra con la red de ferries de Nápoles, se encuentra Capri. en sus puertos, playas, acantilados y calles, el lujo se funde con las compras compulsivas, las tiendas de souvenirs y el ajetreo incombustible de rutilantes estrellas perseguidas por fotógrafos ocasionales venidos de todo el mundo.
El golfo de la bahía de Nápoles se cierra por el otro extremo del norte con Ischia y Procida, dos islas que no hay que perderse en una excursión
Nápoles es una paradoja. Forma parte de esas ciudades decadentes como Marsella, Lisboa, o Palermo, cuyo interés proviene de esa dualidad entre aquello “que fue”, y en lo que “ahora es”. Ciudad estratégica, su sucesión de fortificaciones entre las que destacan los castillos de Castel dell’Ovo, el castillo Maschio Angioino, imponente protegiendo el puerto de Nápoles, o Castel Sant’Elmo, dominando desde lo alto de la colina del Vomero desde 1275; dice mucho de su historia, de su resistencia, pero también de su ocaso como centro político y económico de la península itálica del Medievo.
Una de las mayores plazas y tal vez la más notable de la ciudad es la Piazza Plebiscito. Esta plaza donde se ubican el Palacio Real y el Teatro San Carlo, formando una elipse confrontada a la Iglesia de San Francisco de Paula, es, para aquellos que hemos tenido la suerte de visitar cuando las luces del día se van, uno de los lugares más personales de Nápoles.
Visita Guía al centro de Nápoles
En el corto tramo entre el puerto, la Piazza Plebiscito y Via Toledo se situa centro de la ciudad, el corazón de la vida de Nápoles, llena de oficinas, tiendas y monumentos y foco del turismo de Nápoles. Lo primero que encontramos llegando desde el puerto es el castillo angioino, construido a fines del siglo XIII por Carlos I de Anjou. Fue llamado Castelnuovo para distinguirlo del más antiguo Castel dell’Ovo, pero este nombre fue pronto sustituido por el apelativo popular Maschio Angioino, que sigue siendo hoy su nombre. El castillo sufrió muchos daños en las guerras de Sucesión que se produjeron al final del período Angioino y fue casi completamente reconstruido por los Aragoneses. Del edificio original angevino , -en la que también participó Giotto-, sólo se salvó la estructura de la Cappella Palatina. Restaurado de nuevo en el siglo XVI por los españoles y los Borbones en el XVIII, el castillo fue objeto de considerables obras de restauración a principios del siglo pasado, de acuerdo con documentos antiguos y tratando de restablecer su estructura promigenia.
Después del Maschio Angioino encontramos los jardines del Palacio Real y el Teatro San Carlo, el teatro más antiguo de Europa aún en funcionamiento y uno de los principales teatros de ópera italiano. Durante los siglos de la ocupación monarquía borbónica, el Teatro San Carlo ha competido con la Scala de Milán la soberanía de la ópera italiana. El San Carlo fue construido en 1737, adosado al Palacio Real, de modo que el soberano podía entrar en él sin tener que salir del palacio. Esta acción es parte del amplio plan de desarrollo urbano iniciado por el Rey Carlos de Borbón para la remodelación de Nápoles, convirtiéndola en una gran capital europea, y podes desempeñar desde aquí el poder aboluto de su hegemonía monárquica.
Frente a la entrada al teatro de San Carlo está una de las cuatro entradas de la Galleria Umberto I, inaugurada en 1892 como un símbolo del nuevo urbanismo de la ciudad de Nápoles, realizados por el nuevo gobierno italiano. Consta de cuatro brazos con estructura de albañilería y la cobertura de hierro y vidrio. El estilo es neorrenacentista y pretende resaltar el pasado cultural y artístico de la nueva Italia nacida con el Risorgimiento y la unificación del país. El punto más alto de la cúpula en el centro de los cuatro brazos colocados en la cruz se encuentra 57 metros sobre el nivel del suelo y da una gran amplitud, luminosidad y sensación de ligereza, acentuando la altura de los cuatro arcos en la entrada.
La galería conecta el Teatro San Carlo y el Palacio Real con Via Toledo, que durante mucho tiempo ha sido la principal calle de la ciudad. Transformada por los virreyes españoles que eliminaron los muros defensivos aragoneses. Via Toledo se convirtió pronto en el centro de la ciudad, ya que conectaba el nuevo palacio del virrey (el futuro Palacio Real) y el zona del puerto con las entradas terrestres a la ciudad de Nápoles. A lo largo de Via Toledo se instalaron todas las principales familias nobles con sus palacios, mientras que el espacio entre la Via Toledo y los nuevos muros se construyeron viviendas militares (I Quartieri Spagnoli los “barrios españoles”) después convertidos en casas populares con una estructura desordenada y funcional hoy visible.