Cremona

Duomo y Torrazzo de Cremona

Cremona es pura música. Además de ser la ciudad natal de Antonio Stradivari, maestro de los maestros artesanos luthiers que desde hace siglos fabrican los violines que tocan los virtuosos de la música.

El paso de Cremona por la historia se puede observar paseando por las calles de una ciudad típica de la subregión del Po de Lombardía. Al igual que Pavía sus calles están empedradas, y en sus costados se alzan numerosos palacios, edificios, iglesias de época medieval, y plazas ajardinadas que recuerdan los parques franceses del siglo XIX.

La fertilidad de la ribera del Po que bordea Cremona y de los otros ríos cercanos como el Adda, Oglio y parte del Serio, permitió un desarrolló agrícola en el que tuvieron mucho que ver las obras de canalización del agua mediante canales (navigli) culminada por los habitantes de Cremona. Hasta donde nos de la vista (y en la llanura del Po da para ver muy lejos) veremos prados llenos de cultivos, fértiles gracias al minucioso sistema de irrigación con esclusas y conductos para redirigir el agua.

Más tarde, el crecimiento de poder adquisitivo permitió cambiar el modelo económico por otro basado en la producción de violines en el siglo XVII. La saga de los Stradivari que en dos generaciones fabricó 2.000 obras maestras (de los que se conservan setecientos) puso nombre al oficio de los luthiers. La escuela oficial de luthiers está en la plaza Marconi de la ciudad.

El corazón de Cremona

El centro de la vida religiosa, social y comercial fue y sigue siendo la Piazza del Comune o del Duomo. Sucesivamente se fueron añadiendo componentes románicos, góticos y renacentistas que engalanaron el centro de Cremona con uno de los ejemplos más perfectos de arte lombardo formado por el Torrazzo, el Baptisterio, el Duomo, el palacio del Comune y la logia.

En el lado derecho de la catedral se eleva más de 112 metros la impresionante torre (Torrazzo), el campanario más alto de Italia, y que como un faro ilumina la ciudad, guiando a los turistas desorientados. Construido en el siglo XIII en la parte que da a la plaza conserva un reloj del siglo XVI con signos zodiacales. Se puede subir a pié por una escalera no apta para vagos que acaba en el campanario, desde donde las vistas de la ciudad son una verdadera postal.

La fachada del Duomo es un “disfraz” de mármol que esconde los matone (ladrillos) lombardos. Se caracteriza por el largo atrio porticado que va desde el torreón hasta la entrada al Duomo, donde el pórtico está sujeto por dos columnas sostenidas en dos leones. El rosetón se construyó en el siglo XIII siguiendo un modelo del siglo X. En su interior, la nave central mantiene los frescos y los tapices del XVI, traídos desde Flandes.

En frente de la catedral se halla el Palazzo Munizipale, palacio del siglo XIII, reformado al estilo renacentista, y donde se llevan a cabo exposiciones temporales. Además alberga la Sala de los Violines, donde los Stradivarius y Amati se tocan cada día para que no estén nunca desafinados.

En el lado opuesto al torreón está el baptisterio románico, construido a partir de 1167 con su planta octogonal, y que en el XVI fue remozado con una fachada de mármol para que entrase en sintonía con el aspecto marmóreo de la catedral.

Las calles pavimentadas nos conducen hacia talleres donde artesanos llegados de todo el mundo tallan los violines con armoniosa paciencia y mimo. Muchos de ellos abren sus puertas para que podamos apreciar cuan laborioso es este arte secular que afortunadamente aún está vivo.

Cremona y la música

Cremona es un ejemplo de multiculturalidad. Su tradición musical está tan arraigada gracias a los luthiers a los conciertos internacionales de música, que es normal ver caras y voces diferentes unidas por los compases de un pentagrama.

En el museo Stradivariano se exhibe una colección importante de instrumentos, digna de atención, y que hereda muchas de las joyas que Antonio Straidivari creo con sus manos. Este museo se encuentra en realidad dentro de otro, el Museo Municipal que reúne pinturas flamencas, el tesoro catedralicio, y salas con piezas arqueológicas y colecciones de cerámica de la región de Cremona.

Y el personaje más famoso de la ciudad también tiene una plaza en su nombre donde una bella escultura nos recuerda su memoria.

Por si fuera poco, a su ejemplo de integración se suma una muestra más de civismo, y es que Cremona se mueve e bici. Asombra comprobar que las bicicletas marcan la velocidad de la ciudad, y que incluso tienen prioridad ante los escasos coches que se mueven por el centro. Jévenes y ancianos llaman a participar en esta rutina cicloturística que llenan las calles peatonales.

En julio el auditorio de Cremona, y el patio del Comune acogen el fesival internacional de jovenes promesas de la música clásica que animan las cálidas noches.

Cremona ofrece paseos agradables por sus calles comerciales Via Solferino y el Corso Mazzini, entre tiendas y librerías, para luego descansar en el jardín público de Piazza Roma, a apenas un paso de la catedral. Y si queremos huir por un rato del animoso centro podemos hacernos con una bicicleta y salir en ruta hacia los Navigli, los canales que comunican Cremona con los pueblos de alrededor.

Que ver y hacer en Cremona. Lo imprescindible

– Subir al Torrazzo

– Tomarse un aperitivo en la Piazza del Duomo

– Comprar turrón o embutidos de la región de Cremona

– Ir en bicicleta para sentirse un verdadero cremonino

– Descubre sus rutas por la ciudad

Información

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